Hace más de un mes se celebró en Santa Cruz una media maratón en la que no participé pero me quedé con las ganas y hace una semana me enteré de que en Tacoronte se iba a celebrar la XVI Media Maratón Ciudad de Tacoronte, otra carrera de las mismas características, y esta vez no me iba a quedar fuera.
Junto a mi primo y mi hermano íbamos a correr juntos pero al final mi hermano con unas molestias en su rodilla no pudo participar, así que mi primo y yo nos inscribimos en la carrera.
El entrenamiento que llevé a cabo para preparar una prueba de estas características no fue el más adecuado –por no decir que casi no existió- , porque correr 3 días una hora no puede considerarse una seria preparación para recorrer los 21 km y 97,5 metros por los que transcurría la prueba.
A esta austera preparación hay que añadirle las 2 cenas navideñas que tuve esta semana con sus correspondientes fiestas posteriores, la última nada menos que el viernes, a tan sólo 24 horas de la carrera.
Preparación.-
El día antes lo dediqué a preparar el calzado que iba a llevar, elegir la ropa idónea, realizar una cena acorde con una prueba de este calibre y a cargar mi arma secreta –mi reproductor de mp3- que me acompañaría durante toda la prueba.
El domingo por la mañana muy temprano me desperté y me desayuné tal y como había leído en numerosos artículos; junto a mi primo fui a Tacoronte y comenzamos a calentar, los nervios iban haciendo su aparición puesto que era inevitable sentirlos al enfrentarme a un nuevo reto como este.
La salida.-
8:28 y mi primo me advierte de que el nivel es bastante más elevado que en la maratón de Santa Cruz y que la participación era menor.
Nos motivamos con choques de palmas de manos y frases altisonantes, últimos consejos: como tratar de no separarnos y llevar un ritmo constante, etc y …
8:30 suena el pistoletazo y comenzamos la carrera en dirección a El Sauzal.
La carrera.-
Empezamos bien a un ritmo que creíamos bueno pero pronto comenzaron mis adversidades: la primera, una hoguera que desprendía un humo el cual perjudicaba la correcta oxigenación de mi cuerpo; tras llegar a la glorieta del Sauzal y dar la vuelta empecé a sufrir el segundo percance, que no fue otro que la aparición de unas náuseas que cada vez iban a más, comenzó entonces la guerra psicológica conmigo mismo agravada por el punto kilométrico en el que estaba, ¡SÓLO ERA EL KM 3! y no podía abandonar así que tras unos duros 5 minutos le dije a mi primo que iba a vomitar a lo que me respondió: “ni de coña, sigue cabrón”.Así que entre la frase de mi primo, el fin de un repecho en la carretera y no se qué más, desaparecieron las náuseas.
Hasta el km 5 iba bien pero surgió entonces la tercera situación desagradable, ¡NO HABÍA AVITUALLAMIENTO! pero sólo fue una falsa alarma porque se encontraba situado unos 500 metros más adelante.
La cantidad de repechos que había en el recorrido hacía que en algunos tramos me costase no detenerme, y es que la guerra psicológica es muy grande cuando el cuerpo te dice que te pares y la cabeza te dice que no, que debes seguir, que es una prueba y que sólo debes abandonar cuando la salud se vea comprometida –no siendo este el caso-
La presencia de mi primo a mi lado me reforzaba y espero que la mía a él no lo retrasara porque correr en solitario es peor como pude comprobar más tarde.
A la altura de La Caridad debemos agradecer a un hombre que nos obsequiase con el humo de su puro, sin olvidar por supuesto los gases de los coches que nos acompañaron desde Guamasa hasta los Rodeos.
Cada vez me encontraba mejor y no me sentía cansado, pasábamos por el avituallamiento del km 10 y posteriormente llegamos a la mitad del recorrido, en ese momento nos crecimos mi primo y yo y nos animamos mutuamente así como el miembro de la organización que nos dijo: “vamos chicos ya sólo queda la mitad”.
Pero en el km 13 –después se preguntan porqué es un número gafe- apareció la cuarta adversidad; comencé a sentir unas molestias en el pie, podía notar como mi calzado me apretaba de una manera brutal, cada vez la sensación era peor así que tuve que parar un momento para aflojarme los cordones, tiempo suficiente para que mi primo me adelantase y con el que empecé a perder tiempo.
Entonces si que empezó lo peor, estaba en el km 15 e iba a tener que seguir sólo hasta la meta, así que con la referencia de mi primo en el horizonte seguí corriendo, alentado muchas veces por espectadores que había en la carretera.
Última adversidad: el mp3 empieza a fallar, las pilas estaban muertas así que bajé el volumen todo lo que pude y crucé los dedos por no tener que correr oyendo mi respiración jadeante.
Los últimos kilómetros los fui recorriendo en solitario y ya sin ver a mi primo pero animado por los espectadores , y así llegué al último avituallamiento donde los miembros de la organización que allí se encontraban me animaron diciéndome que sólo quedaban 2 km y que era todo bajada.
Al fin 1hora 55minutos y 25 segundos después ,estaba en la meta, por supuesto mi tiempo no se puede comparar al del ganador que fue Alexis Clemente Navarro del Santa Cruz CajaCanarias con un tiempo de 1:12:00.
Para mí fue muy importante terminar, porque hubo varios momentos en los que me dieron ganas de pararme, nunca había corrido tanto tiempo ni distancia y ha sido la prueba física más dura a la que jamás me había enfrentado así que estoy muy contento y lo peor, con ganas de otra.
Por último quería agradecer al público sus ánimos durante la carrera, a la organización por su labor y sobre todo a mi primo por haberme acompañado y animado en los momentos de flaqueza: ¡GRACIAS VELA!